(Puerto de Santa María, 1881 -
Paracuellos del Jarama, 1936) Dramaturgo español. Practicó la abogacía y fue
profesor particular, pero su verdadero oficio fue el de autor teatral. Máximo
representante del teatro humorístico de principios del siglo XX, sus obras
gozan aún de una gran popularidad. Su habilidad para versificar y para los
juegos de palabras, junto a la distorsión grotesca de la realidad que
presentaba en sus piezas, crearon el llamado "astracán", una variante
del género chico.
Aunque por su falta de autocrítica es considerado un
autor menor, y a pesar de que sus obras halagaron en exceso a los sectores
conservadores, lo cierto es que su teatro cosechó un éxito popular rotundo,
hasta el punto que se hizo costumbre aprender de memoria fragmentos de sus
estrenos, especialmente de La venganza de don Mendo (1918),
parodia delirante de los dramas medievales.
Muñoz Seca alcanzó éxitos resonantes. Entre sus obras
más célebres pueden citarse Los extremeños se tocan, zarzuela sin música; Usted
es Ortiz (1919), burla de las tendencias superrealistas; Faustina (1919)
y Satanelo (1930), visiones
jocosas del mito de Fausto; La plasmatoria (1935), con el tema
del espiritismo y la reencarnación del Tenorio. También escribió farsas como La
caraba (1922), y Calamar (1927),
sátira contra el mundo del cine; y La oca(siglas de una imaginaria Libre asociación de
"obreros cansados y aburridos"), una sátira antiobrera.
En El roble de la Jarosa (1915)
intentó la comedia seria. Colaboró con frecuencia con Pedro Pérez Fernández. El
teatro de Muñoz Seca puede valorarse como un antecedente de la obra humorística
audaz, pero inteligente y sólida, de Enrique Jardiel Poncela. Muñoz Seca, que
en varias ocasiones había manifestado desde la escena sus ideas
antirrepublicanas, murió asesinado por las turbas en la revolución de julio de
1936.
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| SAINETE DEL BURRO POLÍTICO |
“La casa de la juerga”,
sainete de Muñoz Seca,
publicado en 1906, el autor pone en boca de
Antoñito:
Tengo un borrico canelo
más sabio que un profesó,
con orejas de ministro
y ojos de gobernaó.
Rebusna como si fuera
diputao ministerial
y se come hasta el pesebre
como cualquier consejal.
Yo quisiera que a mi burro
lo sacaran diputao,
porque otros siendo más burros
a ese puesto ya han llegao.
Pero temo que de serlo
vaya a quedarme sin él,
porque como allí habrá tantos
no lo voy a conocer.
¡Y estos versos tienen más de cien años de
antigüedad!

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