Superado el miedo a la palabra “cáncer” y terminado el
tratamiento, empieza la nueva vida, te planteas como organizarla para de alguna
manera devolver un poco toda la ayuda que has recibido.
En la AECC de Talavera de la Reina, me ofrecieron la
oportunidad de entrar a formar parte del voluntariado de hospital y después
de hacer el curso de formación me incorporé al equipo.
Como digo en el título, la bata, la sonrisa y los caramelos,
son las herramientas que cogemos una vez a la semana, pasando el relevo a la
compañera del día siguiente.
Siempre con una sonrisa, acompañada de nuestro cariño,
ofrecemos un caramelo a los pacientes que reciben tratamiento en el hospital de
día o en planta; a pesar de la situación siempre te reciben con agrado,
escuchamos su problema cuando tienen ganas de hablar, y si no , respetamos su
silencio animándoles a seguir la lucha del día a día.
No esperamos nada a cambio y si en algún momento se dibuja la
sonrisa en su cara, nos damos por satisfechos.
Pasamos por situaciones difíciles, pero afortunadamente no
todo es malo.
Los buenos ratos de charla te hacen cargar pilas para seguir,
como el día que estaba un matrimonio de abuelitos solos esperando consulta,
ella se sentía un poco mareada, les hicimos un ratito de compañía y nos
contaron una historia preciosa de su vida, al despedirnos preguntamos cómo se
sentía del mareo y nos contestó: “ya ni me acordaba, con la conversación se me
ha ido el santo al cielo”.
Con el voluntariado ponemos nuestro granito de arena dando
con nuestro testimonio, ánimo para seguir en la lucha y hacer ver que en ésta
carrera hay que atarse bien los cordones de las zapatillas, mirar siempre al
frente porque a pesar de los obstáculos
“LA META ESTÁ CERCA”
Esperanza Muñoz
(publicado también en:
http://hoypuedeserungrandia55.blogspot.com.es/)
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