INTRODUCCIÓN A LA
HISTORIA DE
TALAVERA DE LA REINA
ay muchas cosas que evocan la palabra Talavera de la Reina:
es hablar de río y puente, barro y forma
del milagroso arte cerámico; es admirar santuario y fortaleza, devoción
religiosa y afán mercantil, toros y plaza, Mondas y ferias. Huyendo de
fantasías y leyendas acerca de la fundación de la ciudad, en los alrededores de
Talavera se sitúa un castro vettón, Arroyo Manzanas, que tras ser
romanizado nos permite identificar con la antigua Talábriga.
El primer asentamiento urbano que conocemos actualmente de
Talavera data del siglo I d.C. pero no
será hasta la etapa romano-imperial cuando
la ciudad, conocida como Caesaróbriga esté
configurada como una fundación exnovo.
En los sucesivos estudios arqueológicos se han encontrado influencia
romana en infraestructuras de calles, restos de termas, necrópolis, cloacas,
edificios comunales como algún templo, curia, instalaciones industriales de
vino, aceite o cuero. Incluso casas residenciales de las clases altas decoradas
con estucos.
Esta ciudad experimenta una profunda
transformación a partir del siglo IV. Al formar parte de un extensa red de cívitas que se encuentran en el conocido
Itinerario de Antonino, en la vía nº 25 entre Emérita Augusta (Mérida) a Caesaraugusta
(Zaragoza), junto con Augustóbriga (Talavera la Vieja en Cáceres), Toletum (Toledo) y
Complutum (Alcalá de Henares).
Su ubicación junto a un antiguo vado en el río
Tajo, como zona obligada de paso de personas y ganado, sobre el que se
construyó el primitivo puente romano, dio a Caesaróbriga una privilegiada posición como centro
comercial y administrativo de su extensa área.
La fértil vega del Tajo, y los montes de la Jara, donde hay indicios de
extracción mineral desde esta época, hizo que proliferasen personas con
intereses comerciales e industriales. En esta rica vega fluvial surgieron
numerosas casas de campo de la aristocracia con estancias lujosas, de mosaicos,
termas, como la cercana del Saucedo en
Talavera la Nueva.
La creación del Reino visigodo
situó a Talavera en un ámbito geopolítico de gran peso. La antigua ciudad tardorromana
fue acondicionada levemente y en su estructura esencial no experimentó
grandes cambios. Hay indicios de la presencia cristiana en el siglo VI en la
que algunos autores consideran que
Talavera se denominaba Elbora
o Ebora a juzgar por la lápida
visigoda de Litorio (510 d.C.), conservada en la ermita del Prado.
La Medina
Talabira musulmana va a reforzar la posición de la ciudad, por su situación
fronteriza, sobre todo a partir del
califato, en el siglo X.
Si en una primera etapa la
antigua ciudad hispanorromana y visigoda se mantuvo más o menos igual, después fue
sometida a un proceso de transformación y expolio por parte de los nuevos
ocupantes, sobre todo población bereber, que junto con la ciudad
hispanomusulmana de Vascos, ubicada en el corazón de la comarca de la Jara, al
sur del Tajo, constituían los dos grandes centros urbanos en la etapa andalusí
.
La frontera del Tajo, la
denominada Marca Media va a ser
reforzada con algunas fortificaciones ; en Talavera se realiza en torno al 937
bajo el mandato de Abderramán III
(912-961) .Un proceso de reconstrucción o edificación de nuevo de la
muralla del primer recinto. Va a mandar los siglos de ocupación musulmana el
carácter militar que adquiere Talavera dado su carácter fronterizo y como
centro de control de la ciudad de Toledo, proclive a la rebelión contra el
poder de Córdoba.
El campo talaverano, defendido
por atalayas y torres, sigue manteniendo su actividad.: huertas y almunias
diseminadas por la vega del Tajo producían gran cantidad de productos
hortofrutícolas para el mercado local. Molinos
en la rivera del Tajo aseguraban el abastecimiento de la urbe. Talabira sería objeto de ataques
almorávides y almohades durante el siglo XII, aunque sin tener la ciudad
ocupada por mucho tiempo.
Durante la Baja Edad Media, esta ciudad de Talabira fue fortificada
con impresionantes murallas y fue objeto de ampliación con la creación de
barrios extramuros de la primera cerca. La afluencia de pobladores castellanos,
leoneses y francos, a raíz de la conquista cristiana a finales del siglo XI, obligó a crear los arrabales mayor y viejo. Con
ello surgieron nuevas calles y parroquias destinadas al control del vecindario y
a la administración eclesiástica de los sacramentos y rentas .La población
cristiana de la villa, los mozárabes, permanecieron en la parte central de la urbe, ocupando
el barrio de Santa María y San Pedro .
La concesión del privilegio de la
celebración de una feria de ganado por
Sancho IV en 1294 supondría uno de los factores de desarrollo y especialización
de Talavera: su mercado de ganados y las ferias anuales, motor para el comercio
y las comunicaciones.
Los siglos XIII al XV serán decisivos para Talavera pues en este
tiempo consolida su concejo y alfoz, que llegará a extenderse desde la zona sur
de la tierra de Ávila hasta las dehesas del norte de Badajoz, la conocida luego
como antigua tierra de Talavera.
Siendo villa y tierra propiedad
de la corona fue regalada como parte de la dote de matrimonio por el rey
Alfonso XI a su esposa Dª Mª de Portugal en 1328 , por lo que pasaría a
llamarse de la Reina. Sin embargo, en 1369 el rey Enrique II, nacido de la
amante del mismo rey Alfonso, la noble sevillana Dª Leonor de Guzmán tras la guerra civil con su hermanastro Pedro
I, concede el señorío de Talavera y su tierra al arzobispo de Toledo Gómez
Manrique. Desde su confirmación en las cortes de Toro (1371) la dignidad
arzobispal de Toledo, mantendrá su
señorío sobre Talavera hasta la supresión de los mismos en las cortes de Cádiz.
La final del medievo es la época
del arcipreste de Talavera, Alfonso
Martínez de Toledo, autor de la
conocida obra de ” El Corbacho”; de fray Hernando
de Talavera, fraile jerónimo, de
gran peso en los preparativos del primer viaje de Colón a las Indias.
También es el tiempo del franciscano
y arzobispo de Toledo (1495- 1517), el Cardenal
Fray Francisco Jiménez de Cisneros ,
posterior regente del reino y que llega a celebrar en Talavera uno de los
Sínodos provinciales en 1498.
Durante la época moderna siglos
XVI al XVIII va a experimentar esta ciudad un cambio radical a nivel urbanístico, con una serie de transformaciones que
afectarán a las calles, así como la
construcción de grandes palacios de las familias nobles de Talavera.
Es la etapa de la Talavera
conventual de mercaderes y artesanos. Se va dotando de nuevas infraestructuras,
como el abastecimiento primitivo de agua a través de conducciones de
manantiales circundantes. El auge industrial de la cerámica a partir de
mediados del siglo XVI, convertirá a Talavera en un referente nacional, cuyas
producciones abastecen todos los rincones del reino y se exportan vajillas y
loza a las Indias vía puerto de Sevilla. Los alfares están en plena actividad y
la creatividad de los artistas alfareros es manifiesta durante el siglo XVII.
Esta edad de oro de Talavera
viene a coincidir con los ingenios más preclaros en el campo de las artes y las
letras por parte de naturales o residentes en Talavera: el músico Francisco de Peñalosa, el autor de La Celestina, Fernando
de Rojas, los hermanos Alonso de
Herrera, el insigne polígrafo e historiador Padre Juan de Mariana y toda una pléyade de cronistas, poetas y juristas
que surgen al amparo de una Talavera con espíritu de ingenio.
El siglo XVIII va a ser una
centuria de retroceso económico hasta la creación por iniciativa del rey
Fernando VI de la Real Fábrica de Seda, Oro y Plata en 1748.La afluencia de maestros y
operarios de origen europeo para trabajar en la Fábrica, produjo una
revitalización de la villa, al menos durante la segunda mitad del siglo. La
cerámica entonces se encuentra en un segundo plano, afectada por la competencia
de centros emergentes de loza y porcelana como Alcora o Manises.
La guerra de la independencia
afectará gravemente a la población.
Recuperada en parte la villa de
los estragos de la contienda las décadas decimonónicas están regidas por un
cierto estancamiento. Las dos ferias anuales que se celebran en Talavera, una
en torno al 15 de Mayo y la de San Mateo el 21 de Septiembre, proporcionaban
ocasiones importantes de intercambio mercantil para los habitantes de la
comarca y regiones cercanas, como la Sierra de Gredos, Ávila o
Extremadura. La instalación de la vía férrea y la estación de FF.CC. en 1876
supuso un paso decisivo en el desarrollo de la ciudad del Tajo, al quedar mejor
comunicada con la capital del reino. La decisión de celebrar el mercado de
ganados con periodicidad quincenal, a partir de 1898, trajo consigo un nuevo
impulso para la economía local. Para entonces la ciudad disponía de cerca de
10.000 habitantes.
Comenzando el siglo XX un
acontecimiento importante marcará un hito para el desarrollo de la ciudad del Tajo:
la construcción del nuevo Puente de Hierro entre 1904 y 1908 .Con este paso sobre el río las
comunicaciones con la Jara y Andalucía mejoraban ostensiblemente y se produce
un reclamo importante para la atracción
de nuevos moradores. En este ambiente surgen nuevas iniciativas empresariales, como
la fábrica de cerámica Ntra. Srª del Prado a manos de Enrique Guijo y Juan Ruíz
de Luna, en la que se empieza una labor de recuperación de la tradición
cerámica del siglo XVI y XVII. Otros muchos talleres como los de Niveiro, Ginestal
y Machuca, Montemayor ,etc. ofrecen piezas de calidad y buen hacer, tanto para
uso doméstico como aplicaciones para la arquitectura.
Durante el siglo XX observamos un
proceso irregular en la evolución de la ciudad: la puesta en marcha de los
planes de regadío y la creación de pueblos como Alberche del Caudillo o
Talavera la Nueva entre otros, incidirán en la afluencia extraordinaria de población,
de los pueblos de la comarca y especialmente de Extremadura a Talavera y sus
alrededores. Resulta en fin la ciudad de
la cerámica un lugar con el peso de la historia. Una historia que ha quedado
reflejada con mayor o menor fortuna en el variado legado patrimonial que ahora
conocemos.
Eduardo Weidner
Macaya Marzo 2.015