domingo, 15 de marzo de 2015

INTERCAMBIO CULTURAL

      INTRODUCCIÓN   A LA  HISTORIA DE
           TALAVERA DE LA REINA 

H
ay muchas cosas  que evocan la palabra Talavera de la Reina: es hablar de  río y puente, barro y forma del milagroso arte cerámico; es admirar santuario y fortaleza, devoción religiosa y afán mercantil, toros y plaza, Mondas y ferias. Huyendo de fantasías y leyendas acerca de la fundación de la ciudad, en los alrededores de Talavera se sitúa un castro vettón,  Arroyo Manzanas,  que tras ser romanizado nos permite identificar con la antigua Talábriga.
     El primer asentamiento  urbano que conocemos actualmente de Talavera  data del siglo I d.C. pero no será hasta la etapa romano-imperial  cuando la ciudad, conocida como Caesaróbriga esté configurada como una fundación exnovo.  En los sucesivos estudios arqueológicos se han encontrado influencia romana en infraestructuras de calles,  restos de termas, necrópolis, cloacas, edificios comunales como algún templo, curia, instalaciones industriales de vino, aceite o cuero. Incluso casas residenciales de las clases altas decoradas con estucos.
      Esta ciudad experimenta una profunda transformación a partir del  siglo IV.  Al formar parte de un extensa red de cívitas que se encuentran en el conocido Itinerario de Antonino, en la vía nº 25 entre Emérita Augusta  (Mérida)  a Caesaraugusta (Zaragoza),  junto con Augustóbriga  (Talavera la Vieja en Cáceres), Toletum  (Toledo)  y Complutum  (Alcalá de Henares).
        Su  ubicación junto a un antiguo vado en el río Tajo, como zona obligada de paso de personas y ganado, sobre el que se construyó el primitivo puente romano, dio a Caesaróbriga  una privilegiada posición como centro comercial y administrativo de su extensa área.  La fértil vega del Tajo, y los montes de la Jara, donde hay indicios de extracción mineral desde esta época, hizo que proliferasen personas con intereses comerciales e industriales. En esta rica vega fluvial surgieron numerosas casas de campo de la aristocracia con estancias lujosas, de mosaicos, termas,  como la cercana del Saucedo en Talavera la Nueva.
       La creación del Reino visigodo situó a Talavera en un ámbito geopolítico de gran peso. La antigua ciudad  tardorromana  fue acondicionada levemente y en su estructura esencial no experimentó grandes cambios. Hay indicios de la presencia cristiana en el siglo VI en la que algunos autores consideran  que Talavera se denominaba  Elbora  o Ebora a juzgar por la lápida visigoda de Litorio  (510 d.C.),   conservada en la ermita del Prado.
           La Medina Talabira musulmana va a reforzar la posición de la ciudad, por su situación fronteriza,  sobre todo a partir del califato, en el siglo X.
           Si en una primera etapa la antigua ciudad hispanorromana y visigoda se mantuvo más o menos igual, después fue sometida a un proceso de transformación y expolio por parte de los nuevos ocupantes, sobre todo población bereber, que junto con la ciudad hispanomusulmana de Vascos, ubicada en el corazón de la comarca de la Jara, al sur del Tajo, constituían los dos grandes centros urbanos en la etapa andalusí .
         La frontera del Tajo, la denominada Marca Media va a ser reforzada con algunas fortificaciones ; en Talavera se realiza en torno al 937 bajo el mandato de Abderramán III  (912-961) .Un proceso de reconstrucción o edificación de nuevo de la muralla del primer recinto. Va a mandar los siglos de ocupación musulmana el carácter militar que adquiere Talavera dado su carácter fronterizo y como centro de control de la ciudad de Toledo, proclive a la rebelión contra el poder de Córdoba.
     El campo talaverano, defendido por atalayas y torres, sigue manteniendo su actividad.: huertas y almunias diseminadas por la vega del Tajo producían gran cantidad de productos hortofrutícolas para el mercado local. Molinos  en la rivera del Tajo aseguraban el abastecimiento de la urbe. Talabira sería objeto de ataques almorávides y almohades durante el siglo XII, aunque sin tener la ciudad ocupada por mucho tiempo.
Durante la Baja Edad Media,  esta ciudad de Talabira  fue fortificada con impresionantes murallas y fue objeto de ampliación con la creación de barrios extramuros de la primera cerca. La afluencia de pobladores castellanos, leoneses y francos, a raíz de la conquista cristiana a finales del siglo XI,  obligó a crear los arrabales mayor y viejo. Con ello surgieron nuevas calles y parroquias destinadas al control del vecindario y a la administración eclesiástica de los sacramentos y rentas .La población cristiana de la villa, los mozárabes,  permanecieron en la parte central de la urbe, ocupando el barrio de Santa María y San Pedro .
       La concesión del privilegio de la celebración de una feria de ganado  por Sancho IV en 1294 supondría uno de los factores de desarrollo y especialización de Talavera: su mercado de ganados y las ferias anuales, motor para el comercio y las comunicaciones.
     Los siglos XIII al XV  serán decisivos para Talavera pues en este tiempo consolida su concejo y alfoz, que llegará a extenderse desde la zona sur de la tierra de Ávila hasta las dehesas del norte de Badajoz, la conocida luego como antigua tierra de Talavera.
Siendo villa y tierra propiedad de la corona fue regalada como parte de la dote de matrimonio por el rey Alfonso XI a su esposa Dª Mª de Portugal en 1328 , por lo que pasaría a llamarse de la Reina. Sin embargo, en 1369 el rey Enrique II, nacido de la amante del mismo rey Alfonso, la noble sevillana Dª Leonor de Guzmán  tras la guerra civil con su hermanastro Pedro I, concede el señorío de Talavera y su tierra al arzobispo de Toledo Gómez Manrique. Desde su confirmación en las cortes de Toro (1371) la dignidad arzobispal de Toledo,  mantendrá su señorío sobre Talavera hasta la supresión de los mismos en las cortes de Cádiz.
     La final del medievo es la época del arcipreste de Talavera, Alfonso Martínez de Toledo,  autor de la conocida obra de ” El Corbacho”; de fray Hernando de Talavera, fraile jerónimo,  de gran peso en los preparativos del primer viaje de Colón a las Indias.
    También es el tiempo del franciscano y arzobispo de Toledo (1495- 1517),  el Cardenal Fray Francisco Jiménez de Cisneros , posterior regente del reino y que llega a celebrar en Talavera uno de los Sínodos provinciales en 1498.
     Durante la época moderna siglos XVI al XVIII va a experimentar esta ciudad un cambio radical  a nivel urbanístico,  con una serie de transformaciones que afectarán a las calles,  así como la construcción de grandes palacios de las familias nobles de Talavera.
     Es la etapa de la Talavera conventual de mercaderes y artesanos. Se va dotando de nuevas infraestructuras, como el abastecimiento primitivo de agua a través de conducciones de manantiales circundantes. El auge industrial de la cerámica a partir de mediados del siglo XVI, convertirá a Talavera en un referente nacional, cuyas producciones abastecen todos los rincones del reino y se exportan vajillas y loza a las Indias vía puerto de Sevilla. Los alfares están en plena actividad y la creatividad de los artistas alfareros es manifiesta durante el siglo XVII.
     Esta edad de oro de Talavera viene a coincidir con los ingenios más preclaros en el campo de las artes y las letras por parte de naturales o residentes en Talavera: el músico Francisco de Peñalosa, el autor de La Celestina,  Fernando de Rojas, los hermanos Alonso de Herrera, el insigne polígrafo e historiador Padre Juan de Mariana y toda una pléyade de cronistas, poetas y juristas que surgen al amparo de una Talavera con espíritu de ingenio.
     El siglo XVIII va a ser una centuria de retroceso económico hasta la creación por iniciativa del rey Fernando VI de la Real Fábrica de Seda,  Oro y Plata en 1748.La afluencia de maestros y operarios de origen europeo para trabajar en la Fábrica, produjo una revitalización de la villa, al menos durante la segunda mitad del siglo. La cerámica entonces se encuentra en un segundo plano, afectada por la competencia de centros emergentes de loza y porcelana como Alcora o Manises.
     La guerra de la independencia afectará gravemente a la población.
Recuperada en parte la villa de los estragos de la contienda las décadas decimonónicas están regidas por un cierto estancamiento. Las dos ferias anuales que se celebran en Talavera, una en torno al 15 de Mayo y la de San Mateo el 21 de Septiembre, proporcionaban ocasiones importantes de intercambio mercantil para los habitantes de la comarca y regiones cercanas, como la Sierra de Gredos,   Ávila o Extremadura. La instalación de la vía férrea y la estación de FF.CC. en 1876 supuso un paso decisivo en el desarrollo de la ciudad del Tajo, al quedar mejor comunicada con la capital del reino. La decisión de celebrar el mercado de ganados con periodicidad quincenal, a partir de 1898, trajo consigo un nuevo impulso para la economía local. Para entonces la ciudad disponía de cerca de 10.000 habitantes.
     Comenzando el siglo XX un acontecimiento importante marcará un hito para el desarrollo de la ciudad del Tajo: la construcción del nuevo Puente de Hierro entre 1904 y  1908 .Con este paso sobre el río las comunicaciones con la Jara y Andalucía mejoraban ostensiblemente y se produce un reclamo importante  para la atracción de nuevos moradores. En este ambiente surgen nuevas iniciativas empresariales, como la fábrica de cerámica Ntra. Srª del Prado a manos de Enrique Guijo y Juan Ruíz de Luna, en la que se empieza una labor de recuperación de la tradición cerámica del siglo XVI y XVII. Otros muchos talleres como los de Niveiro,  Ginestal y Machuca,  Montemayor ,etc. ofrecen piezas de calidad y buen hacer, tanto para uso doméstico como aplicaciones para la arquitectura.
     Durante el siglo XX observamos un proceso irregular en la evolución de la ciudad: la puesta en marcha de los planes de regadío y la creación de pueblos como Alberche del Caudillo o Talavera la Nueva entre otros, incidirán en la afluencia extraordinaria de población, de los pueblos de la comarca y especialmente de Extremadura a Talavera y sus alrededores. Resulta  en fin la ciudad de la cerámica un lugar con el peso de la historia.         Una historia que ha quedado reflejada con mayor o menor fortuna en el variado legado patrimonial que ahora conocemos.


                          Eduardo Weidner Macaya     Marzo 2.015

3 comentarios:

  1. Muy bien, Eduardo, por mi queda recomendado.
    Y cuando gustes, hablamos más y en vivo.

    ResponderEliminar
  2. Vaya clase magistral de Historia, ¡ GENIAL ! Por favor sigue con tus enseñanzas

    ResponderEliminar
  3. Vaya clase magistral de Historia, ¡ GENIAL ! Por favor sigue con tus enseñanzas

    ResponderEliminar